26/04/2018 | Cartas al director  
 
Desde Damos la cara queremos unirnos a la feria del libro y contaros una historia que sucedió un 25 de abril de 1974, en Portugal.
 
 


Revolución es nombre de mujer. También lo es Celeste y así se llamaba una camarera que caminaba por las calles de Lisboa tal día como hoy hace 44 años.

El dueño del restaurante donde trabajaba le había encargado que comprara varios ramos de claveles para decorar el local que celebrara su primer año de apertura. Lo que Celeste no sospechaba es que esa mañana iba a encontrar el restaurante cerrado. El ejército portugués, junto a gran parte del Pueblo, se había echado a la calle de forma pacífica para tumbar al gobierno de Salazar, la dictadura más longeva de Europa.

Camino de vuelta a casa, Celeste contemplaba el paso festivo de los vehículos militares, tan pacífico que incluso los tanques se detenían en los semáforos para dejar paso a los coches particulares.

Un soldado le hizo señas a Celeste llevándose dos dedos a la boca, pidiéndole un cigarrillo. Como ella no fumaba e iba aún cargada con los ramos de flores, le entregó un clavel. El soldado lo aceptó sonriendo y lo colocó en la boca de su fusil. Su compañero le pidió otro clavel e hizo lo mismo. Y otro. Y otro.

La gente, al verles desfilar así, comenzó a buscar floristerías cercanas.

Así fue, dicen, como aquella mañana del 25 de abril de 1974 los militares y el Pueblo recorrieron las calles de Lisboa en una extraña simbiosis mientras el Presidente Antonio de Oliveira Salazar y sus ministros huían en un avión rumbo a Brasil.

La magia sucede, a veces, cuando las únicas bocas que callan son las de los fusiles en esa Revolución, murieron cuatro personas.

#BastaYa#NosQueremosVivaYLibres

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