Hay conciertos que impresionan por su perfección técnica y otros que triunfan porque consiguen algo mucho más difícil: hacer que todo un auditorio disfrute sin reservas. Roberto Fonseca pertenece a esa segunda categoría. Su paso por 'Jazz en la Costa' de Almuñécar fue una auténtica celebración de la música, un concierto en el que el virtuosismo nunca eclipsó la alegría de tocar ni las ganas de compartirla con el público. Desde su aparición en el escenario, el pianista cubano dejó claro que el concierto iba a ser una fiesta. Apenas hicieron falta unos minutos para que la música se apoderara del parque El Majuelo. Fonseca posee una energía contagiosa que transforma cada tema en una invitación a dejarse llevar por el ritmo.
Con un excelente nivel artístico, la banda mostró una compenetración admirable. La sección de vientos no solo destacó por su brillantez musical sino también por su desparpajo escénico y su capacidad para acompañar la música con un cuidado trabajo coreográfico. Yuri Hernández, a la trompeta, Ariel Vigo, al saxo barítono, y Jimmy Jenks, al saxo tenor, ofrecieron una actuación sobresaliente. Completaban el grupo otros tres magníficos músicos: Felipe Cabrera, al contrabajo; Andrés Coayo, en la percusión; y Ruly Herrera, a la batería. Al frente de todos, Roberto Fonseca dirigía el conjunto desde el piano con una técnica deslumbrante.
Fonseca supo, además, dejar espacio para que cada integrante brillara con luz propia. La sección rítmica exhibió una precisión impecable, mientras que los metales aportaron color, fuerza e intensidad durante toda la actuación. Especialmente brillantes fueron los solos de Yuri Hernández y Ariel Vigo, muy aplaudidos por el público.
'Maní Mambo', 'No me llores' y un emotivo homenaje a Oscar Peterson, 'Oscar, Please Stop', cerraron la primera parte del concierto. Tras ese intenso recorrido, Fonseca se sentó al teclado eléctrico con una divertida introducción para interpretar 'Baila Mulata', uno de los momentos más festivos de la noche.
Con el público ya en pie y bailando, el pianista cubano afrontó el tramo final del concierto con 'Cuando tú bailas para mí', antes de poner el broche definitivo con 'Ay, qué dolor, se acabó'. Cuando llegó el final, la sensación era compartida por todo el auditorio: nadie tenía ganas de que el concierto terminara, porque, más allá de la extraordinaria calidad musical —que fue altísima—, Roberto Fonseca consiguió algo que no siempre sucede en un festival de jazz: convertir un concierto en una auténtica fiesta, en una gran diversión.
Y quizá esa sea la mejor definición de la noche. No fue solo la exhibición de un gran pianista sino una celebración de la música cubana, del jazz entendido como encuentro y de esa alegría que solo algunos artistas saben transmitir desde el escenario. No hay mejor sensación para la organización de 'Jazz en la Costa', en Almuñécar, que ver salir al público del emblemático parque El Majuelo feliz y con una sonrisa en el rostro. Pocas críticas pueden concluir con un elogio mayor que ese.
