Nace La Orilla, un club cultural en Playa Granada, frente al mar
Un club de plazas reducidas dirigidas a apagar las pantallas, encender las ideas y recuperar el valor de los encuentros presenciales
La escritora y gestora cultural Noelia M.S. pone en marcha un club cultural en Playa Granada, Motril
Hay una pregunta detrás de La Orilla: ¿qué pasaría si, en lugar de hacer el plan de siempre, nos reserváramos un día al mes para explorar nuestra creatividad con los demás?
Una jornada para volver a mirarnos, crear juntos y conversar frente al mar. Leer. Escribir. Crear con las manos. Imaginar. Observar. Escuchar. Movernos. Debatir. Estar.
De esa pregunta nace La Orilla, un nuevo club de escritura, cultura y creación impulsado por la escritora, poeta y gestora cultural Noelia M.S., que propone encuentros mensuales de plazas reducidas frente al mar, concretamente el de Playa Granada (Motril).
La idea parte de una convicción sencilla: la cultura también puede ser una forma de encuentro. Y la escritura, una puerta de entrada a ese encuentro, incluso para quienes nunca han escrito antes.
“No quería crear otro taller al que vienes un día y la experiencia se acaba ahí. Quería crear un espacio al que apetezca volver, donde la escritura sea el hilo conductor, pero donde no haga falta considerarse escritor para participar. Puedes venir porque escribes desde hace años o porque simplemente tienes curiosidad y quieres probar”, explica Noelia.
Un club para escribir, leer, conversar y crear
La Orilla no funciona como una clase tradicional. Cada mes, Noelia diseña una experiencia diferente y prepara dinámicas, ejercicios, lecturas y materiales para acompañar al grupo. Se escribe de manera individual y también en comunidad; se leen textos y autores; se conversa sobre lo que se ha leído; se comparten ideas, recuerdos, preguntas e impresiones; y se crean pequeñas piezas y experiencias colectivas.
La escritura puede ser el centro de una mañana, pero también puede aparecer en la parada de una caminata con vistas al mar, durante una sesión de yoga, escuchando música, después de ir a correr, o creando una obra de resina o cianotipia.
“Para mí, el movimiento es tan importante como la quietud. Se puede escribir desde estados diferentes según lo que hayas hecho antes. Hay personas que se sienten más liberadas después de haber hecho ejercicio o haber hablado antes, otras necesitan sentarse en silencio frente al mar, a otras les gusta compartir lo que escriben, o les inspira leer o hacer algo con las manos. La Orilla quiere abrir todas esas puertas”, cuenta Noelia.
La propuesta está pensada para personas sensibles, curiosas y con ganas de experimentar, de dedicarle un tiempo a la cultura, a la creación y a sí mismas, independientemente de cuánto hayan escrito o leído antes.
¿Qué ocurre cuando mezclamos la escritura con otras formas de creación?
La Orilla nace también con una inquietud que irá atravesando los diferentes encuentros: qué ocurre con nuestra escritura cuando cambiamos la manera de llegar hasta ella.
Caminar antes de escribir. Movernos. Escuchar música. Observar un paisaje. Trabajar con las manos. Hacer una fotografía. Pintar. Respirar más lento. Compartir una conversación. Permanecer en silencio.
El club quiere experimentar con todas esas posibilidades y observar si modifican la manera de escribir, los temas que aparecen, la relación con las palabras o incluso la forma en que cada persona se relaciona consigo misma y con los demás.
“Me interesa investigar qué se genera cuando mezclamos la escritura con el movimiento, con lo artesano, con la naturaleza, con la música o con la imagen. Qué textos aparecen después de caminar frente al mar que quizá no habrían aparecido sentados delante de una pantalla. Qué cambia cuando escribimos después de mover el cuerpo, de hacer algo con las manos o de detenernos a observar algo que normalmente pasamos por alto”, explica Noelia.
La escritura se ha utilizado en diferentes contextos como herramienta de expresión, reflexión y elaboración de experiencias. La Orilla parte de ese potencial para explorar, desde la práctica y sin convertir el club en un espacio terapéutico, qué transformaciones puede producir la escritura cuando se combina con otras experiencias creativas, corporales y sensoriales.
La intención es que esa exploración no quede únicamente en la experiencia de cada encuentro. Por ello, La Orilla plantea la creación de un libro colectivo con textos de las personas participantes que quieran formar parte del proyecto, en el que se puedan recoger sus escritos y también sus reflexiones sobre el recorrido: qué actividades han probado, qué les han provocado y si han percibido cambios en su manera de escribir o de relacionarse con la creación.
“Quiero que La Orilla sea también una forma de investigar. No desde una mirada académica, sino desde la experiencia. Me interesa observar qué ocurre cuando sacamos la escritura de su lugar habitual y la ponemos en contacto con el movimiento, con las manos, con la naturaleza, con otras personas. Y que sean los propios textos y las propias voces de quienes participan los que nos permitan descubrir qué ha cambiado”, señala Noelia.
El futuro libro colectivo recogerá así una parte de ese proceso y permitirá conservar la memoria de una primera temporada en la que escritura, literatura, cuerpo, paisaje y otras formas de creación se encuentran para explorar qué aparece cuando cambiamos el camino hacia la palabra.
Una comunidad que participa en lo que ocurre
La experiencia no termina cuando acaba el encuentro. Las personas que forman parte de La Orilla mantienen el contacto durante el mes a través de un grupo de WhatsApp, donde pueden compartir lecturas, recomendaciones, fotografías, ideas o propuestas.
Además, el club tiene una dimensión participativa: las fechas se votan entre sus integrantes y existe una escucha continua de sus intereses y sugerencias. Noelia diseña y coordina las experiencias, pero el grupo también puede proponer nuevos caminos.
La intención es que, poco a poco, las personas que participan vayan dejando de ser desconocidas entre sí y construyan una relación alrededor de aquello que comparten: la curiosidad, la sensibilidad, la cultura y las ganas de hacer cosas diferentes.
La primera temporada contará con un máximo de 15 personas y estará formada por tres encuentros entre octubre y diciembre:
Octubre · Poesía frente al mar
Una bienvenida al grupo alrededor de la poesía, la lectura y la escritura acompañados por el sonido de las olas
Noviembre · Herbario de palabras
Una ruta sencilla con vistas al mar para caminar, observar el paisaje y convertir lo que vemos y encontramos en materia de escritura.
Diciembre · Cartas que nunca enviamos
Una aproximación a la literatura epistolar y una propuesta de escritura introspectiva alrededor de aquello que alguna vez quisimos decir y nunca dijimos.
Los encuentros se desarrollarán durante la mañana y tendrán una duración aproximada de entre dos y tres horas.
Después, cada persona podrá continuar el día como quiera: quedarse por la zona, comer frente al mar, pasear, volver a casa o improvisar nuevos planes con el resto del grupo.
“Yo preparo la experiencia. El resto del día es vuestro”, resume Noelia.
En tiempos de pantallas, la apuesta por estar presentes
La creación de La Orilla nace también de una preocupación cada vez más presente en la sociedad: cómo recuperar espacios reales de conexión en un momento en el que buena parte de nuestras relaciones y de nuestro tiempo de ocio sucede a través de dispositivos y redes.
La Organización Mundial de la Salud ha situado recientemente la conexión social entre las cuestiones relevantes para el bienestar y ha advertido de la magnitud del problema de la desconexión social: su Comisión sobre Conexión Social estima que una de cada seis personas en el mundo experimenta soledad.
La OMS señala, entre las respuestas posibles, la necesidad de fortalecer las comunidades y crear oportunidades para que las personas puedan relacionarse de manera significativa.
La Orilla no pretende ser una respuesta terapéutica a la soledad. Es, más sencillamente, una propuesta cultural que parte de la necesidad de volver a coincidir físicamente con otras personas alrededor de algo que nos importa.
“En un momento en el que podemos hacer casi todo desde casa, me interesa precisamente lo que no podemos sustituir con una pantalla: sentarnos juntas, leer el mismo texto, reírnos, discutir una idea, caminar, crear algo y descubrir a alguien que hasta hace una hora no conocíamos”, explica Noelia.
El mar forma parte de esa apuesta. Los llamados espacios azules, como mares, ríos o lagos, han sido estudiados por su posible relación con el bienestar. Pero para Noelia hay una razón que va más allá de cualquier estudio:
“Quienes vivimos aquí sabemos lo que hace el mar. Te obliga a levantar la mirada. A caminar un poco más despacio. A observar. Y me parecía bonito que ese paisaje, que forma parte de nuestra vida cotidiana, pudiera convertirse también en escenario de experiencias culturales.”
















