La festividad de Todos los Santos marca el inicio de un mes de noviembre al que se puede considerar como el mes de las flores en los cementerios que, más allá de lo cómo lucen cada día del año, se llenan de bullicio y colorido floral.
Y es que familiares y amigos quieren recordar y rendir homenaje a los que ya no están manteniendo así una tradición que se viene trasladando entre generaciones desde tiempo inmemoriales.
Los cementerios, además de ser lugar de descanso eterno para aquellos que dejaron de estar a nuestro lado, son una huella casi sagrada del paso del tiempo por cada tierra, por cada pueblo, de su historia, de las personas que fueron protagonistas en sus calles y, cuyo paso por el mundo se plasma en los rincones de los campos santos.
Lápidas en las que se puede leer la profesión a la que dedicó su vida laboral el ahora fallecido, otras en un idioma distinto al español que reflejan que quien ahora la ocupa hizo de la Costa Tropical su tierra a pesar de haber nacido lejos de aquí. Más allá de las fotos o los nombres de los fallecidos, verdaderos retratos, alegorías a su persona y a sus aficiones o una talla con aquellas palabras que quedaron en la garganta de quien hoy lo recuerda.
Esculturalmente, los cementerio son un son al arte. Representaciones de Cristo, imágenes de la Madre de Dios o de los Ángeles Redentores que han venido a cuidar de las almas. A todos ellos se suma la creatividad de los ayuntamientos para denominar los patios o las imágenes de sus patronos para vigilar, desde su rincón a los que allí descansan.
Además de los trabajos que realizan los operarios municipales de todos los rincones de la Costa, brochas, trapos llegan a los campos santos; todo preparado para lucir el que ahora es el hogar de quien ya no está.
Flores de noviembre para ellos en unos días de consuelo para los que en la Tierra aún los sienten a su lado.
*Las imágenes que ilustran este reportaje son de los Cementerios de Motril, Salobreña, Torrenueva, Calahonda, Otívar y Almuñécar.
